El Embajador Colombiano en España, Carlos Noriega, destacó la gran contribución de Fanny Mikey al desarrollo de las artes escénicas en nuestro país y en Iberoamérica.
En un mensaje enviado a la Fundación Teatro Nacional, exaltó que su legado "es tan importante que la historia del teatro contemporáneo en nuestros países no podría entenderse sin ella".
Toda la vida de Fanny Mikey, quien murió en Cali el pasado viernes a la madrugada, giró en torno al teatro. "Ese -señaló el Embajador de Colombia-, fue el quehacer que le dio sentido a su existencia y su vida entera fue la materialización de un libreto que está por escribirse”.
El mejor testimonio de gratitud que se le puede rendir a una persona que trabajó incansablemente hasta morir por el teatro, es mantener vivo su legado, especialmente el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá y su mensaje permanente para los colombianos, que ella sintetizaba diciendo: las artes son un camino insustituible para el logro de la paz y el desarrollo.
La Embajada de Colombia, con la colaboración de diversas instituciones culturales españolas, convocará antes de finalizar el año, un homenaje en España a la vida y obra de quien ha sido una de las más grandes gestoras culturales de Iberoamerica.
Historia de Fanny Mikey
Fanny fue reconocida como el alma máter del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB), sin duda, el más importante encuentro teatral de toda América.
Unos días antes de su muerte había comenzado la gira de presentación de su último espectáculo Perfume de arrabal y tango, donde resaltaba -entre canción y canción- que todavía tenía mucho de porteña.
Fanny Mikey había nacido en Buenos Aires en 1930, donde se formó como actriz en la Sociedad Hebraica Argentina; hacia finales de la década del 50 viajó a Colombia y se radicó en la ciudad de Cali (la misma que hoy la despide y que pelea con Bogotá el privilegio de un homenaje, ya que hasta el presidente Alvaro Uribe ofreció el Capitolio Nacional para las exequias).
Donde ya no hacía falta que rindiera prueba alguna era en en la capital colombiana, donde a partir de la creación del FITB, hace 20 años, se transformó en una figura pública tremendamente querida no sólo por los teatreros, sino por el público que se adueñaba de cada encuentro, hasta el punto de llenar cada una de las innumerables funciones programadas con obras de los mejores elencos de la escena mundial. Ese fue el punto culminante de su legado, pero no el único.
Mikey creó, además, la Fundación Teatro Nacional, con tres sedes, que se transforman cada dos años en el corazón del encuentro internacional, pero que día tras día dan vida a gran parte de la actividad teatral bogotana.
Su mayor conquista comenzó en 1988, cuando junto al entonces director del Festival Internacional Cervantino, Ramiro Osorio, vieron en el teatro la posibilidad de crear un festival que acogiera las artes escénicas iberoamericanas.
Así, con motivo de la celebración de los 450 años de la fundación de Bogotá, arrancó el Festival Iberoamericano de Teatro con la participación de 19 países de Latinoamérica, Estados Unidos y España.
Dos décadas después, con el éxito de la décimo primera versión del festival, Mikey consolidó a Bogotá con uno de los festivales de artes escénicas más grandes del mundo, que en cada edición reúne a más dos millones de espectadores.
El Festival Iberoamericano de Teatro, que se realiza en Bogotá cada dos años, ha recibido en su trayectoria unas 520 compañías de 50 países de los cinco continentes.
En marzo de 2005, por su trabajo en la promoción del teatro en español, Mikey fue acreedora del premio Max Hispanoamericano de las Artes Escénicas, otorgado por la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE).